Globalización y Comercio Exterior

Globalización y Comercio Exterior

La crisis económica a nivel global ha empujado a los países con déficit comercial (véase España) a impulsar una creciente internacionalización empresarial, acto que ha supuesto una significativa inversión para esta faceta y por consiguiente un cambio de mentalidad en nuestro concepto de ventas, clientes y logística. El globalismo ha impulsado a que las empresas crucen las fronteras en busca de clientes y demandas hasta entonces desconocidas, adaptarse, evolucionar y reinventar cuanto eran y tenían aprendido hasta la fecha y sin duda ha influido en los precios, este a su vez ha coaccionado los salarios y estos últimos han condicionado el poder adquisitivo del propio cliente.

El globalismo ha impulsado a que las empresas crucen las fronteras en busca de clientes y demandas hasta entonces desconocidas

La globalización nos obliga a movernos, nos exige dinamismo ó de lo contrario acabaremos pereciendo en esta lucha frenética a nivel comercial en la que nos encontramos. En épocas pasadas el propietario de la tierra contrataba jornaleros para sembrar cereal y al haber escasez de este el precio del mismo era elevado, esto suponía sembrar sencillo y barato para vender caro, algo suculento y maravilloso para quien quería vivir tranquilo y sin complicaciones en función de un cultivo de secano de difícil pérdida.

Ahora, los cereales se comercializa en las bolsas de commodities, los mayores productores del mundo, Rusia y EEUU, fijan su precio y el agricultor que antaño simplemente esperaba a que este simplemente creciera ahora debe innovar nuevos cultivos para conseguir una rentabilidad o cubrir los costes que muchas temporadas no satisface. Contamos con la competencia de países con inferior desarrollo y por consiguiente con una mano de obra más barata, dado que en dicho país el coste de vida es inferior (nada injusto desde mi punto de vista, es pura lógica que en un país se cobre un euro el jornal si lo que necesita ese residente para vivir son veinte céntimos al día, sería incluso un buen salario), esto hace que productos cuya inversión es mínima (cereales, etc.) el estado menos desarrollado ejerza una competencia atroz sobre el mas desarrollado cuyos costes laborales se multiplican por diez.

…Ya no hay lugar para acomodarse en el sillón, el dinamismo es lo que nos mantiene vivos y lo que nos ayuda a caminar.

Esto es lo que nos hace innovar, invertir en maquinaria, I+D+i, productos nuevos o cuya capacidad económica nos coloque en una situación de ventaja tecnológica para producir más, mejor y a un precio inferior. De ahí que España se haya convertido en el mayor productor de aceite de oliva y no hace mucho tiempo que también el mayor exportador del mundo del citado producto, por eso lo que antes era el trigo y el tomate ahora nos sale mas rentable comprárselo a Marruecos (por ejemplo) y hacer latas en conserva (por ejemplo). Ya no hay lugar para acomodarse en el sillón, el dinamismo es lo que nos mantiene vivos y lo que nos ayuda a caminar.

La excesiva regulación impositiva, así como las trabas burocráticas que nacen de toda gestión que nace del emprendimiento, ha supuesto que queden solo aquellos que han sobrevivido a la crisis, con experiencia y poder adquisitivo. Son ellos los que salen al exterior, son ellos los que acabaron renunciando a plantar tomates y cereales para invertir en olivos y su correspondiente maquinaria para producir más, mejor y a menor precio y vender su producto en el exterior a un precio superior del que lo vendían en el mercado interior, son ellos los que aprovechan las tendencias y son ellos los que se preocupan veinticuatro horas al día en conocer los vaivenes del mercado.

La Mar, esa vieja frontera cuyos muros permanecen invisibles y cuyo control resulta fútil e innatura a causa de su propia naturaleza y su genio. Como dijo Cristóbal Colón, “El mar dará a cada hombre una nueva esperanza, igual que el dormir le da sueños” y en defensa de esos descubridores cuyo ímpetu les hizo subir a un barco de madera y dirigir su rumbo hacia donde habladurías y “determinados estudiosos” aseguraban que “se caía al vacío de la condena eterna”, la historia se vuelve a repetir en pro de esa búsqueda por la supervivencia comercial, luchando por evadir (legalmente) las exigencias impositivas de estados ó entes supranacionales que piden y piden pero ni ofrecen soluciones ni las promueven.

Nos seguimos hallando en la palma de esa mano invisible de la que hablaba Adam Smith, puesto que el proteccionismo estatal ha quedado obsoleto e impotente ante este libre-mercado en el que nos hayamos y cuyos tentáculos mueven los hilos de nuestros actos, aquellos que nos empujan a indagar, invertir y descubrir para equivocarnos ó acertar y por ende aprender.

Hoy en día tratamos de regular esas relaciones comerciales pero nos topamos con las regulaciones legales de multitud de estados que se contrarían unas con otras y más a menudo de lo que imaginamos, tratamos de regir esas relaciones a través de la libre voluntad entre las partes contratantes de cualquier negocio jurídico pero con cierta frecuencia quedamos expuestos.

Así es como el derecho internacional privado ha perfeccionado y escudriñado cláusulas por las que regir nuestros contratos (Incoterms, por ejemplo), tribunales aperturistas y poco impeditivos en cuanto a los contratos comerciales (Londres, el que más se requiere para resolver litigios en el comercio internacional) y reglas por las cuales los problemas tardan poco en resolverse tras acordarse árbitros y Cámaras de Comercio como principales actores resolutivos a nivel privado.

Mayor período mayor riesgo, mayor riesgo mayor dinero, lo dicho, el negocio genera negocio y reinventarnos es la clave.

El negocio genera negocio y en el comercio internacional vemos el mejor ejemplo reciente de dicha realidad. Las navieras han tenido que invertir importantes cantidades de sus recursos para construir buques o mas bien endeudarse para rentabilizar la vida útil de los mismos(veinte años como máximo, a groso modo), adaptarse a las exigencias internacionales y estatales según enarbolen una bandera u otra, la logística se ha vuelto más minuciosa y la amalgama escrupulosa de formas, tipos y clase de envíos ha exigido la especialización de grandes empresas en dicha tarea.

La forma de pago ha supuesto durante siglos un quebradero de cabeza importante para navieros, armadores y fletadores, sin embargo hoy en día contamos con un avance significativo en las telecomunicaciones y esto ha supuesto que empresas de nueva creación se dediquen a garantizar pagos en función del estudio, por parte de esta última, a la empresa cuyo cobro se garantiza a treinta, sesenta o noventa días. Son como entidades financieras internacionales pero especializadas únicamente en el comercio, hacen negocio generando dinero sobre la deuda de otros durante un período de tiempo determinado. Mayor período mayor riesgo, mayor riesgo mayor dinero, lo dicho, el negocio genera negocio y reinventarnos es la clave.

 

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